WF-98765 and Light - WF.98765 y la luz
Hace unos días, mientras paseaba por el parque, ocurrió algo que todavía intento comprender.
Iba enfrascado en mis pensamientos sobre la relatividad cuando se me ocurrió un sencillo experimento.
Imaginemos dos observadores extraterrestres que viajan en sendas naves interestelares y se mueven uno respecto del otro.
Cada nave mide trescientos mil kilómetros de longitud. En ambos extremos dispone de unos dispositivos que, al rozar los correspondientes dispositivos de la otra nave, emiten frentes de onda en todas direcciones.
La luz nos ofrece un espectáculo extraordinario: nos permite contemplar los sistemas inerciales.
Luz y materia, sin embargo, son de naturaleza diferente.
Sin la luz, solo descubriríamos otro sistema inercial cuando chocáramos contra él. Pero la luz ilumina los objetos, nos permite verlos y conocer su posición.
Y ahí comienza el problema.
Los dos observadores se encuentran exactamente en el centro de sus respectivas naves.
Cuando las naves se cruzan, sus extremos se rozan y los dispositivos emiten los frentes de onda. Parte de esa luz viaja hacia el centro de cada nave.
Mientras los frentes avanzan, las naves continúan moviéndose una respecto de la otra, pero no lo hacen con respecto a los frentes de onda.
Y entonces aparece la paradoja.
Imaginemos ahora que viajamos en una de las naves. La luz nos permite observar desde nuestro sistema inercial cómo la otra nave se aleja de nosotros. Por eso podríamos pensar que su viajero debería medir una velocidad de la luz diferente de la que medimos nosotros: la distancia que él mide entre el punto donde nació el frente de onda y la posición que ocupa después de transcurrido un tiempo es distinta de la que medimos nosotros.
Sin embargo, cuando realizan sus mediciones, los dos obtienen exactamente el mismo resultado:
trescientos mil kilómetros por segundo.
¿Cómo puede entonces cada observador medir la misma velocidad de la luz?
Además, los frentes de onda procedentes de ambos extremos alcanzan simultáneamente a cada observador.
Pero las naves se mueven una respecto de la otra.
Entonces cada observador piensa que el otro no puede estar midiendo la misma velocidad de la luz, o que los frentes de onda no llegan de forma simultánea al otro observador.
¿Cómo pueden ambos afirmar que los frentes de onda llegan simultáneamente?
Estaba completamente absorto en aquellas preguntas cuando oí una voz:
—Soy el frente de onda WF-98765.
Me detuve.
—Todo esto tiene una explicación muy sencilla —continuó—. Aunque se afirma que el espacio absoluto no existe, tengo que revelarte algo: existe. Es el espacio de la luz.
No dije nada.
—La luz crea su propio espacio. Y a la luz no le importa que los sistemas inerciales se desplacen unos respecto de otros. La luz se mueve en un espacio en el que los los cuerpos permanecen inmóviles, aunque para cada observador se produzca el efecto de que los demás cuerpos se mueven respecto de él a una velocidad constante.
La voz guardó silencio durante un instante. Y continuó:
—Para mí, la luz, los sistemas inerciales conservan su posición en ese espacio absoluto. Yo mido las distancias desde los puntos que ocupan en él. Imagínalo como una fotografía tomada en el instante en que los extremos de las naves se rozan. Para mí, esa fotografía permanece intacta mientras los frentes de onda avanzan hacia los observadores.
Quise preguntarle algo.
Pero WF-98765 había desaparecido.
Permanecí inmóvil durante unos instantes, intentando comprender lo que acababa de ocurrir.
Después continué mi paseo.
Y me llevé conmigo una lección que sabía que nunca olvidaría.


Comments
Post a Comment
minutorelatos.blogspot.com