Tuesday, November 3, 2020

Amafis

 

Amafis

He met her on a Monday. The previous Sunday he had returned from Samarkand, where he was collaborating with Nikolay Veselovsky on the excavations. By a blessed chance, the train had stopped overnight due to heavy snowfall, and that circumstance had forced travelers to spend the night in a decaying and cold station.

A few months earlier, in the midst of discovery fever, Nikolay asked him to accompany him. He wanted his opinion on the murals and paintings found in the strata dated to the 7th century AD. Following Nikolay's explanations, he carefully observed the murals and for a moment, it seemed to him that one of the figures represented on the mural, in which she appeared accompanying the King of Samarkand, was following him with her eyes. She was a very beautiful woman. Black eyes, like her hair, jet-black, sensual lips and a luminous, unforgettable face. He asked Nikolay about that lady but her presence in the mural was a mystery. In ancient texts she was not referred to and no scholar could explain its origin.

He asked at the station for a hotel where he could spend the night. An employee at the station provided him with an address. He walked for ten minutes and when he was about to enter, a female voice spoke his name:

“Hi Mikhail. It's me. Amafis. I have escaped my confinement just to be with you tonight”.

Those hours were the happiest of his life.

A few days later, she received a telegram from Nikolay in which she explained an unprecedented fact. For a few hours, the lady in the mural had vanished, to reappear the next day in the same place of that mural.

 

Amafis

La conoció un lunes. El domingo anterior había regresado de Samarcanda, donde colaboraba en las excavaciones con Nikolay Veselovsky. Por una bendita casualidad, el tren se había detenido durante toda una noche debido a una intensa nevada, y esa circunstancia había obligado a los viajeros a pernoctar en una estación decadente y fría.

Unos meses antes, en plena fiebre de descubrimientos, Nikolay le pidió que le acompañara. Quería que le diera su opinión sobre los murales y pinturas encontradas en los estratos  fechados en el siglo VII d.C. Siguiendo las explicaciones de Nikolay, observaba atentamente los murales y durante un instante, le pareció que una de las figuras representadas en el mural, en el que aparecía acompañando al rey de Samarcanda, le seguía con la mirada. Se trataba de una mujer bellísima. Ojos negros, como su pelo, color azabache, labios sensuales y un rostro luminoso, inolvidable. Le preguntó a NIkolay sobre aquella dama pero su presencia en el mural era un misterio. En los textos antiguos no se hacía referencia a ella y ningún erudito podía explicar su origen.

Preguntó en la estación por un hotel en el que poder pasar la noche. Un empleado de la estación le proporciono una dirección. Caminó durante diez minutos y cuando estaba a punto de entrar, una voz femenina pronunció su nombre:

-Hola Mijail. Soy yo. Amafis. He escapado de mi encierro solo por estar contigo esta noche. Aquellas horas fueron las más felices de su vida.

Algunos días después, recibió un telegrama de Nikolay en el que le explicaba un hecho inaudito. Durante unas horas, la dama del mural se había desvanecido, para volver a aparecer al día siguiente en el mismo lugar de aquel mural.

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